Como parte de las actividades organizadas para el Mes de la Solidaridad, Cáritas Arquidiocesana de Córdoba celebró el pasado viernes 21 de agosto el Jubileo de la Caridad, cuyo principal objetivo fue agradecer por todo el bien que se realiza en tantas organizaciones que trabajan para quienes más lo necesitan en esta Provincia.
El encuentro se inició a las 17:00 hrs., con un un momento de animación y de oración en el cual participaron integrantes de los diferentes grupos de trabajo, compañeros y colaboradores de servicio, así como miembros de las diversas comunidades, parroquias, merenderos, escuelas de fútbol, entre otras, que participan en iniciativas solidarias y que se adhirieron a esta celebración.
Luego, a las 18:30 hrs., se efectuó la misa con el arzobispo Ángel Rossi SJ, cuyo mensaje resaltó la importancia de brindar apoyo a los más vulnerables: “El pobre no es como si fuera Cristo, es Cristo. Por lo tanto, nos mira y nos llama a ayudarlo desde los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los enfermos, desde la mirada compasiva de los buenos samaritanos y los ojos entrecerrados de los apaleados del camino”.
“Nosotros creemos en un Dios en salida que se acerca a todos los que sufren. Un Dios que es buena noticia y esperanza para todos. Un Dios que nos empuja a que no nos quedemos cómodos con lo nuestro, con lo ya logrado, con nuestras obras”, aseguró monseñor Rossi. “Viene a la memoria aquello tan fuerte y cierto de Martín Descalzo; decía él: ‘la peor obra es la que nunca empezamos y la mejor obra es la que vamos a soñar mañana’.”
Fue enfático en señalar que no podemos esperar a que llamen a nuestra puerta los más necesitados. Por el contrario, consideró urgente que vayamos a encontrarlos en sus casas, en los hospitales, en los geriátricos, en los psiquiátricos, en la cárcel, en las calles, en los centros de refugio y acogida y en los rincones oscuros donde a veces se esconden. “Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón”, insistió.
Monseñor Rossi aseguró que Cáritas y todas las obras que se ejecutan, ya sea a través del trabajo o de la colaboración material, libra al voluntariado de la tentación de la amnesia del sufrimiento. “Cuando nos invade la desesperanza, nos resignamos mal a la dura realidad; por el contrario, nuestras obras a través de su gente, nos sacude de este aire de rendición, nos despierta de esa somnolencia maléfica denunciando con el compromiso y con la esperanza la tan remanida teoría de que no hay alternativas, de que no hay salida. Ese es el testimonio fuerte del voluntariado”.
Pero a la vez el voluntario no lo hace desde lo teórico, sino pisando aquellos lugares que son auténticas trincheras de la esperanza, los lugares concretos de servicio, lo cual supone una cultura de la acogida que cree en la capacidad de curar de una palabra, que sabe que un encuentro cariñoso puede ser salvador, que se anima a la escucha, al clima de amistad y de comprensión, que valora la hospitalidad y la calidad de las relaciones humanas, que tiene claro que amar es hacer obra de amor y que nuestras obras, tal como decía San Alberto Hurtado, son el modo de demostrarle a nuestro pueblo que entendemos su dolor.
Posterior a la homilía, se concretó el compromiso de todos los voluntarios de Cáritas Córdoba, quienes entienden que la compasión verdadera no es la que brota del sentimiento, sino la que se realiza en comunión y que no puede reducirse a un calorcito en el corazón, sino a una mano que ayuda o una mano que abraza.
Tal como lo expresó el Arzobispo de Córdoba, podemos agradecer al Creador por permitirnos asistir a las cátedras de vida que nos brindan todos aquellos que llegan con sus carencias, con sus necesidades, con su enfermedad, con su vejez, con su soledad, con sus miedos a través de su testimonio, pues nos permiten servir y cuando servimos, aprendemos de ellos. De allí el agradecimiento por cada gesto del voluntariado que nos demuestra que la gratuidad es posible en este mundo que todo lo negocia, que nos enseña que siempre hay tiempo para el servicio cuando hay amor.
Celebramos el Jubileo de la Caridad en la Catedral de Córdoba
El Arzobispo Ángel Rossi SJ resaltó la importancia de brindar apoyo a los más vulnerables: «La peor obra es la que nunca empezamos y la mejor obra es la que vamos a soñar mañana».
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