Un encuentro que reivindica el rol de nuestras mujeres

Más de 1200 mujeres de todo el país se encontraron el pasado 22 de junio en Villa Marista, Luján, Provincia de Buenos Aires, en el 4° Encuentro de Mujeres de Barrios Populares, espacio para compartir una jornada profundamente humana: de escucha, de celebración, de formación, y sobre todo, de reconocimiento a ese rol silencioso pero vital que cada una cumple en su comunidad.

Nuestra representación estuvo integrada por 28 mujeres de los Hogares de Cristo de la provincia de Córdoba, aunque también se incorporaron aquellas que trabajan en ollas populares, merenderos y espacios comunitarios. Mujeres que todos los días sostienen la vida en los barrios más olvidados, reunidas para mirarse, abrazarse, compartir dolores, esperanzas y seguir caminando juntas.

El trabajo estuvo distribuido en cuatro talleres que ayudaron a poner en palabras lo vivido:

  • Las 3 C (Capilla, Colegio y Club)
  • El acompañamiento a la mujer y el trabajo digno
  • El acompañamiento a mujeres atravesadas por las adicciones
  • El trabajo comunitario en los barrios populares

Las reflexiones surgidas de esta experiencia resaltan el inmenso valor de la mujer en Cáritas: Es ver a María caminando en medio del pueblo, gestionando con amor, acompañando en silencio, presente en cada rincón desde el corazón.

También hubo tiempo para reír, jugar, encontrarse desde la alegría. Reforzar la fe en una misa muy especial, celebrada por Monseñor Gustavo Carrara, quien dejó una pregunta que sigue resonando: “¿Dónde encontrás a Dios?”.

A la interrogante, tres mujeres compartieron su experiencia desde la ternura, la lucha y la fe:

  • “Encontré a Dios maternizando, porque Él me paternizó y la Virgen me maternizó”.
  • “El Hogar de Cristo me devolvió las ganas de vivir”.
  • “Descubro a Dios en los niños vulnerables y en sus mamás que siguen luchando sin medios pero con amor”.

La jornada cerró con un gesto a nuestra Madre en la Basílica de Luján. Nos complace reiterar que desde Cáritas promovemos estos espacios, los cuales permiten reconocer y acompañar el camino de tantas mujeres que con su entrega diaria transforman la vida en los barrios. Para muchas de las presentes, ese día muchas sintieron que Dios estaba ahí, entre ellas. En cada abrazo, en cada historia compartida, en cada mirada que decía: “No estás sola».

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